El legado de los inmigrantes catalanes en Ecuador

Una tarde para reencontrarnos con nuestras raíces

Más de 40 personas se reunieron un viernes a las cinco de la tarde al Casal Catalán de Guayaquil para compartir una historia que también forma parte de nuestra propia historia.

La historia catalana a Guayaquil no empezó ayer. Se fue construyendo con la llegada de personas y familias que hicieron su vida, formaron familias y dejaron huella.

Montserrat Maspons y Bigas, junto con Julio Schmid, tuvo la iniciativa de reunir los primeros ciento descendentes de catalanes que pudo localizar a Guayaquil. De aquel encuentro nació nuestro Casal.

Maspons, Llopart, Roca, Peré, Serra, Roldós, Roura, Rovira, Riera, Madinyà, Rabascall, Nebot, Torres, Cuenta, Tuset, Marcet, Vilaseca, Costa, Carbón, Rivas, Grado, Puig Mir, Simó… I tantos otros. Son apellidos que forman parte de Guayaquil. Algunos todavía son fácilmente reconocibles; otros se han integrado tanto en nuestra sociedad que quizás ya no pensamos en ellos como catalanes.

Nos hemos mezclado. hemos hecho nuestra vida. Somos parte de Guayaquil. Y, precisamente por eso, muchas veces nuestras raíces catalanas quedan escondidas a simple vista.

Porque una raíz no necesita ser visible para continuar alimentando un árbol.

Y aquella tarde, la historia dejó de estar solo en las páginas de un libro. También fue presente en las voces de quienes la puerta en su propia familia.

Cristina Llopart, descendente de Lola Trullás, y Nuria Niemes, bisnieta de Montserrat Maspons, nos acercaron a la memoria viva de aquellas familias.

Juan Marcet y Rafael Compte compartieron sus recuerdos y su mirada sobre esta identidad catalana que, generación detrás generación, se ha ido transformando.

La Nuria vive hoy en Barcelona. Y sus palabras nos dejaron una imagen preciosa: quizás el círculo se va cerrando.

Ellos llegaron de Cataluña. Se integraron. Arraigaron. Sus hijos y nietos crecieron aquí.

Por eso, algunas generaciones después, algunos de sus descendentes vuelven a Cataluña para vivir, desde otro lugar, aquello que sus antepasados dejaron atrás.

No es volver al mismo lugar. Es llegar con otra historia, otra identidad y todo aquello que se ha vivido por el camino.

Quizás este es nuestro verdadero legado: no habernos mantenido intactos, sino haber sabido integrarnos sin desaparecer.

La investigación, los testigos, las familias, los recuerdos y la conversación hicieron de esta presentación mucho más que un acto cultural. Fue una reencontrada.

Y después del libro llegaron las tapas, el romesco, el alioli, las olivas, una copa de vino y la crema catalana.

Se vendieron todos los ejemplares destinados a Guayaquil. Y ya estamos pensando en una nueva tirada.

El círculo se cierra. El legado continúa.